Antes de iniciar la organización de tu vestuario, mi consejo es que pongas en manos de una especialista en imagen personal, sobre todo si no tienes claro el estilo qué proyectas como prescriptora de tu organización o empresa. Te ayudará de forma objetiva a decidir los colores, estilos, prendas… que definen mejor tu marca y te sientan mejor por tu tono de piel, tipo de cuerpo o personalidad. Estamos tan sesgadas por las tendencias y los estereotipos que es imprescindible esta orientación para no perder perspectiva, tiempo ni dinero. Además, te aportará seguridad en el tú a tú con clientes, socios o colaboradores.
¿Por qué decidí yo explorar las opciones de la IA en este terreno? Aunque he realizado algunas sesiones de portavocía e imagen y tenía mi estilo más o menos claro, en enero cumplí 50 años y se me plantearon algunos interrogantes. Necesitaba renovar mi armario porque había cambiado de talla y de forma de vida, y además quería gastar menos en ropa, optar por prendas que duraran más y fueran más versátiles.
En mi día a día visto muy casual. Mi vida es bastante sencilla: paseo a mi perro, trabajo, hago recados por mi barrio, trabajo, vuelvo a pasear a mi perro, algo de música o lectura y otra vez a pasear a mi perro. Te puedes imaginar que no necesito ropa muy glamurosa. Pero hay algunos momentos al año, familiares y profesionales, en los que sí necesito cambiar el registro y trasladar un mensaje. Y, aunque sean pocos, quiero acertar y sentirme bien.
Imagino que tienes una carpeta en el móvil o el escritorio de tu ordenador, en Instagram y en Pinterest con fotos de looks de revistas y blogs o post de estilo que te gustan. Editoriales, alfombras rojas, street style, alguna captura suelta. La mía no tenía criterio, guardaba lo que me inspiraba y me hacía pensar: “Esto me gusta y encaja bien con lo que me dijo mi consultora de imagen”. Había que poner orden.
Claude Cowork en marcha
Aquí entra en juego Claude Cowork, una herramienta que trabaja directamente con los archivos de tu ordenador o de la nube pero también dispone de una extensión en Chrome para navegar (con tu permiso) en tus redes sociales. Yo le di acceso a las carpetas y los perfiles y le pedí dos cosas: que definiera mi estilo de ropa y que me buscara prendas al alcance de mi bolsillo.
La IA revisó unas 100 imágenes, descartó las que no tocaban (había alguna foto de interiorismo que se había colado) y me devolvió un diagnóstico que crucé con el que me elaboró la consultora sobre colores, patrones y estilo.
En mi caso, según el análisis, mis elecciones trasladaban un estilo sobrio, elegante y atemporal. Una paleta de negro, camel, blanco y crudo, con toques puntuales de rojo, azul cobalto y verde, y pocos estampados, solo rayas y lunares. Líneas limpias, tejidos nobles, siluetas fluidas. Es importante que la IA me lo haya analizado, porque si fuese a una tienda, seguramente iría influenciada por lo que me colocaran en la entrada o lo último que se hubiese puesto Dua Lipa. Fallo asegurado.
De la inspiración a la lista de la compra
Así, la IA convirtió ese «estilo» abstracto en un armario de 15 prendas concretas de fondo de armario: un blazer negro estructurado, una gabardina camel, un pantalón ancho negro de vestir, la camisa blanca de popelín, una camiseta de rayas, una camisa de rayas verticales, un vestido lencero de satén, una falda midi, un jersey rojo, otro azul cobalto, unos mocasines de piel, unas botas chelsei, unas merceditas… piezas que se repetían una y otra vez en mis fotos.
Y para cada una me buscó alternativas con precio orientativo y enlace en tiendas de mi rango y preferencia, y alguna opción algo más premium. Incluso añadió un bloque aparte de gala y fiesta, para esos momentos del año especiales: bodas, fiestas, un aniversario…
Todo acabó en dos documentos: un lookbook con la foto de referencia, cómo combinar cada prenda y dónde comprarla; y un checklist donde puedo ir marcando lo que tengo/compro, con su precio y su enlace, para no perder el norte ni el presupuesto.
Además, he creado una automatización semanal para que me actualice estos documentos con las novedades de las tiendas, tanto en producto como en precio.
«Además de un libro de estilo y una lista en la que puedo ir marcando lo que tengo o voy comprando para gestionar mi presupuesto, he creado una automatización semanal para que me actualice estos documentos con las novedades de las tiendas, tanto en producto como en precio».
Nuevos patrones
Lo que más me ha gustado de todo este proceso es comprobar que la IA es muy útil para encontrar patrones que tú no ves en tu propio material. Es lo que hacemos con las marcas de nuestros clientes y resulta revelador hacérnoslo a nosotras mismas.
Además, el criterio sigue siendo mío con ayuda profesional. La herramienta me dio el mapa, pero la decisión —qué me sienta bien, qué encaja con quién soy, qué me puedo permitir— es mía y de mi consultora. La IA me ahorra el empezar de cero. Y esa, para mí, es la diferencia entre usarla bien o dejar que te use a ti.
La imagen personal no va de seguir tendencias, sino de decir quién eres sin tener que explicarlo. Comprar menos y mejor no es solo una decisión de bolsillo (que también) ni de sostenibilidad (ojalá): es una decisión de coherencia. Para que lo que lleve puesto cuente la misma historia que cuento con mis palabras.
Y a los 50, me parece un buen propósito. ¿Te animas a hacer el ejercicio?